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Las redes sociales también son entornos de intervención

Durante mucho tiempo, el trabajo social se entendió como una práctica vinculada a comunidades físicas: barrios, escuelas, hospitales o centros comunitarios. Sin embargo, hoy la realidad es más compleja. Las redes sociales se han convertido en escenarios donde se configuran identidades, se establecen relaciones y emergen problemáticas sociales que requieren intervención profesional.

¿Por qué considerar las redes sociales como un entorno de intervención?

Porque allí también se construye comunidad. Las redes no son simples plataformas de entretenimiento; son espacios donde los individuos comparten experiencias, buscan apoyo y difunden mensajes. En ellas se expresan dinámicas de inclusión y exclusión, de solidaridad y violencia.

Así, el trabajo social no puede ignorar estos entornos digitales. Al contrario, debe reconocerlos como escenarios legítimos de intervención, donde es posible acompañar, prevenir y transformar realidades.

¿Qué problemáticas emergen en los entornos digitales?

Las redes sociales reproducen y amplifican fenómenos sociales. Entre los más relevantes encontramos:

  • Ciberacoso y violencia digital, que afecta la salud mental y emocional de jóvenes y adultos.
  • Desinformación, que impacta en la toma de decisiones y en la confianza institucional.
  • Exclusión digital, que limita el acceso de ciertos grupos a información y servicios.
  • Movilización social, que puede convertirse en una oportunidad de transformación comunitaria si se gestiona adecuadamente.

Estas dinámicas requieren profesionales con herramientas para comprender lo que ocurre en línea y traducirlo en acciones concretas de intervención.

¿Qué oportunidades ofrecen las redes sociales al trabajo social?

Lejos de verlas solo como riesgos, las redes sociales son también oportunidades. Permiten:

  • Llegar a más personas: las campañas de sensibilización alcanzan audiencias masivas en poco tiempo.
  • Crear redes de apoyo: grupos en línea ofrecen espacios de contención y acompañamiento.
  • Visibilizar problemáticas invisibles: desde la discriminación hasta la pobreza, temas silenciados encuentran voz en el entorno digital.
  • Impulsar participación ciudadana: convocatorias, debates y acciones colectivas surgen y crecen en estos espacios.

El desafío es utilizar estas oportunidades de manera ética, responsable y con perspectiva profesional.

¿Qué dice la investigación sobre la intervención social en redes?

La literatura académica confirma que las redes sociales son ya un campo de estudio y acción para el trabajo social. Un artículo reciente en Journal of Social Work destaca que las plataformas digitales son espacios de interacción que deben abordarse con estrategias específicas, considerando tanto sus riesgos como su potencial transformador.

Esto significa que el trabajo social no solo se desplaza hacia lo digital, sino que también se transforma con él. La intervención debe diseñarse con metodologías mixtas, combinando la presencia en comunidades físicas con acciones en comunidades virtuales.

¿Cómo se forma un profesional para intervenir en redes sociales?

El profesional de hoy necesita desarrollar competencias digitales, habilidades de comunicación en línea y criterios éticos sólidos. Debe saber identificar riesgos, acompañar procesos de manera virtual y diseñar programas de intervención que aprovechen la dinámica de las plataformas.

Además, requiere comprender cómo operan los algoritmos, cómo se construye la identidad digital y qué impacto tiene el uso intensivo de redes en la salud mental. Se trata de un campo interdisciplinario, que une trabajo social, psicología, comunicación y tecnologías.

¿Qué retos éticos plantea este nuevo entorno?

El principal reto es la protección de datos y la confidencialidad. La intervención social en redes debe garantizar la seguridad de las personas. También se enfrenta a dilemas como el manejo de discursos de odio, la exposición mediática de casos sensibles y el riesgo de revictimización.

El profesional debe actuar con responsabilidad, transparencia y respeto, adaptando los principios del trabajo social al ecosistema digital.

Conclusión: hacia una práctica social más amplia

Las redes sociales ya no son espacios marginales. Son parte central de la vida de las personas y, por lo tanto, también escenarios de intervención social. El trabajo social del siglo XXI debe reconocerlo y preparar profesionales capaces de actuar en esos entornos con conocimiento, ética y creatividad.

La Maestría en Intervención y Trabajo Social de la Universidad CESUMA ofrece esa formación integral. Con un enfoque innovador, prepara a especialistas que comprenden las dinámicas digitales y saben utilizarlas como herramientas para la transformación social. Una oportunidad única para quienes buscan ser agentes de cambio en el mundo físico y también en el digital.

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